Fibroma uterino de 3,5 kg se extirpa mediante cirugía sin sangre en una testigo de Jehová.
Una mujer que trabaja en Zambia fue diagnosticada de grandes fibromas múltiples en el útero (tamaño del útero - aproximadamente del tamaño de un útero en un embarazo de 7 meses) y se le recomendó una extirpación quirúrgica del útero. Pero hubo algunos problemas, su grupo sanguíneo es B negativo - un grupo sanguíneo muy raro, tenía una cesárea anterior - causando adherencias de la vejiga urinaria. Ambas situaciones co-existentes estaban haciendo la cirugía muy arriesgada. Por otra parte, pertenecía a la comunidad de los Testigos de Jehová - que creen que la transfusión de sangre no se debe hacer.
A ella se negó la cirugía por sus cirujanos nativos debido a la posibilidad de una gran pérdida de sangre y por consiguiente ser precisa una transfusión de sangre.
Buscó consulta del Dr. Uddhav Raj, un cirujano entrenado internacionalmente en Cáncer Ginecológico, endoscópicas y pélvica en Wockhardt Hospital, Navi Mumbai. El Dr. Raj estudió su caso y decidió operarla teniendo debidamente en cuenta todas sus precondiciones.
Durante la cirugía, el Dr. Raj encontro fibromas innumerables que ocupaban todas las paredes del útero y eran de gran tamaño, que van desde 10 hasta 14 cm de diámetro. Estos fibromas se encontraban dentro del cuerpo del útero haciendo la extirpacion individual de los fibromas, algo desafiante. Por lo tanto, utilizó su técnica marca registrada de Cirugía Sin Sangre Laprascopic, lo que hace con una máquina desarrollada autóctona y electrónica en coordinación con un ingeniero bio médico. El Dr. Raj se especializa en este tipo de cirugía y está en gran demanda - debido a su amplia experiencia, por sus manos hábiles y seguridad.
El mioma de utero de 3500 gramos se eliminó con éxito junto con todos los fibromas de la cavidad abdominal. La mujer fue dada de alta al día siguiente y ella ya ha volado de vuelta a casa y reanudar sus funciones.
Hay un mito común entre la gente de que la extracción laparoscópica de miomas es incompleta. Esta cirugía exitosa seguramente disipa el mito.
El Dr. Raj y su equipo opinan que el mioma era muy grande y ellos han visto un fibroma tan grande por 1 ª vez. Pero ellos están muy contentos con el éxito de la cirugía teniendo en cuenta el hecho de que el paciente tenía un grupo sanguíneo raro, B negativo y ella no quería someterse a una transfusión de sangre.
Aproximadamente el 30% de las mujeres tienen fibromas en el útero, que pueden crear problemas como sangrado excesivo, bulto, dolor abdominal o infertilidad. Cuando cualquiera de estos síntomas se producen solos o en combinación, el asesoramiento médico o quirúrgico se hace necesario.
http://wockhardthospitals.com/neurology-and-neurosurgery/2-uncategorised/397-3-5-kg-uterine-fibroid-removed-by-bloodless-surgery-in-a-jehovah-witness.html
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“Luché hasta lo último y me curé” (experiencia de Venezuela)
Inés Alayón recibió consejos de otros pacientes desde el primer día de tratamiento. Le dijeron que se cortara el cabello para evitar el trauma de ver caer lentamente los mechones que se desprenderían de la cabeza, que tomara muchos jugos de fresa y mora para subir las plaquetas de la sangre y que verificara hasta las dosis de medicamento que le inyectarían los enfermeros. Ahora es ella que alienta a otros a mantener la fe. Venció el cáncer de cuello uterino que padeció por más de un año y considera su experiencia una prueba de que curarse es posible, aun con las barreras que imponen los centros de salud oficiales a la gente común. “Yo estoy muy feliz porque enseguida le vi el resultado al tratamiento y sé que no siempre es así”.
Alayón tiene 54 años de edad y es higienista dental. Superó una serie de obstáculos durante los 14 meses que duró el tratamiento. Visitó 2 institutos oncológicos en busca de pronta atención a su caso. Su primera opción fue el hospital Domingo Luciani, de El Llanito, pero lo descartó tras sentir poca receptividad de los médicos. Completó en un período de casi un semestre 8 sesiones de quimioterapia que le administraron con pausas de 21 días en el Instituto Oncológico Luis Razetti. Ninguna falló, pero en el hospital no pudieron darle gratuitamente el medicamento para las 2 iniciales. Por ello debió salir a buscarlo por cuenta propia: “Yo estaba angustiada porque no sabía qué iba a pasar conmigo si no empezaba pronto el tratamiento”. La primera vez lo encontró en la farmacia de Medicamentos de Alto Costo del Instituto Venezolano de Seguros Sociales en Los Cortijos, pero después allí se agotó el inventario y tuvo que comprarlo. “Me costó 1.500 bolívares. Afortunadamente, me habían depositado los aguinaldos y tenía dinero para pagarlos”.
Las 26 sesiones de radioterapia también se cumplieron con dificultad: el equipo que le administraba las radiaciones, conocido como bomba de cobalto, se dañó y se vio forzada a buscar otras opciones. En el hospital Luis Razetti atienden a más de 100 personas diariamente en su unidad de radioterapia y los nuevos pacientes deben incluirse en una lista de espera y aguardar hasta 4 meses para empezar el tratamiento. El tomógrafo y el simulador, 2 aparatos claves para planificar el tratamiento, están inoperativos desde hace más de 1 año y en radiología hay problemas con el aire acondicionado. Son pinceladas de las limitaciones que encuentra el personal de un centro clave para atender a las personas con tumores.
Cuando no pudo ser atendida en el Razetti, Alayón recurrió al Hospital de Niños J. M. De Los Ríos, pero fue rechazada. “Me dijeron que había exceso de pacientes”. La negativa le generó angustia: deseaba que su tratamiento se desarrollara de forma continua. Se hacía una pregunta una y otra vez sobre las interrupciones: “Si la terapia se detiene, ¿qué va a pasar conmigo y con lo que tengo dentro?”. Logró, sin embargo, culminar la radioterapia en el hospital Domingo Luciani de El Llanito con un retraso de 15 días, poco tiempo en comparación con otros afectados. Las células cancerígenas fueron exterminadas con 3 sesiones de braquiterapia, 1 por semana, que le aplicaron de vuelta en el Razetti. Ahora ella se encuentra en fase de seguimiento para atajar a tiempo cualquier posible recurrencia hoy descartada.
Alayón vive con su esposo y sus dos hijos en el centro de Guatire, municipio Zamora, Miranda. Es testigo de Jehová como el resto de su familia. “Yo fui dejando las cosas en manos de él y sentí cómo me ayudó en cada paso porque lo que se hace en varias citas, a mí me lo hicieron en una y, a diferencia de otros, no tardaron en operarme”. El diagnóstico que cambió su vida fue el resultado de una biopsia que le realizaron en el Hospital General de Guarenas-Guatire. “Cuando te enteras es algo muy fuerte. Me sentía tan mal que no quería que nadie lo supiera para no dar lástima”.
Ella se había sometido un año antes a una operación para la extracción del útero debido a la presencia de fibromas. Meses después sangró inexplicablemente y la ecografía reveló la existencia de una nueva lesión que resultó maligna.
Fue sometida a una segunda intervención quirúrgica para extraer el tumor antes de que comenzara sus tratamientos contra la enfermedad. Así empezó la rutina de afrontar 2 horas de tráfico que habitualmente la separan de la capital. No cuenta con una institución más cercana que brinde este tipo de atención y, aunque el Ministerio de Salud tenía prevista la construcción del Centro Nacional del Cáncer en Guarenas desde 2007 con una inversión de 300 millones de bolívares, el proyecto se paralizó y fue reubicado, en agosto de 2011, en el sector Montalbán de La Vega, Caracas. La obra que sería culminada en octubre de este año, según declaraciones de la ministra de Salud, aún está en proceso.
A diario se diagnostican 10 casos de cáncer de cuello uterino en el país, según la Sociedad Anticancerosa de Venezuela. Alayón recuerda precisamente cuándo pasó a formar parte de la estadística: el 26 de mayo de 2011. Ella, sin embargo, corrió con mejor suerte que las 1.238 mujeres que fallecieron en 2010 a causa de tumores en el útero, según los datos oficiales más recientes del Anuario de Mortalidad de Ministerio de Salud publicado en septiembre de este año. “Agradezco a Jehová por haberme curado”.
Alayón aún padece de pequeños dolores en el cuerpo como consecuencia de los tratamientos recibidos. Son efectos secundarios de los medicamentos de quimioterapia, que controla con calmantes y consultas médicas semanales.
Aún no se recupera por completo, pero ya asiste nuevamente a su trabajo en el Hospital de Guatire. “Yo les digo a otros que no abandonen el tratamiento. Yo luché hasta lo último y me curé”. Ahora disfruta el doble y con más razones el tiempo que tiene para compartir con su bisnieto de 3 años de edad.